Category: ESPECTÁCULOS



¿La infidelidad mata al amor?

Como Hamlet busca revelar el crimen a través de la representación teatral,  los amantes de “DESMESURA”, recurren al teatro dentro del teatro para enfrentar la infidelidad y sus nefastas consecuencias para el amor.

 

Hay un poema de Charles Chaplin que bien podría servir de epígrafe para Desmesura, la obra de teatro de Darío Cortés que hoy comienza su temporada en Mar del Plata después de estar cinco meses en cartelera en Buenos Aires. En esa poesía, Chaplin expresa: “La vida es una obra de teatro que no permite ensayos… Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida… (…) Muestra aquello que eres, sin miedo (…) ¡Vive! ¡Intenta! / La vida no pasa de una tentativa”.

Desmesura presenta un conflicto amoroso entre dos muchachos, el dramaturgo Manuel y el pintor Pablo —interpretados por Darío Cortés y Franco Zanconi respectivamente— que después de una relación de seis años deben enfrentarse al espacio de extrañamiento y de tomas de decisiones que siempre supone la infidelidad.

El texto se abre con un bello y dulce monólogo basado en la poética de la dramaturga Sarah Kane —concretamente de la genial Ansia— en donde Manuel despliega todos sus sueños de amor junto a la tristeza de ver cómo éstos se quebraron frente a la traición de Pablo. En esta primera parte, Cortés y Zanconi, solos en el escenario, logran en sus interpretaciones la química precisa para plasmar la idea de una relación desgastada, pero a la que aún le sobra el amor, el erotismo y las ganas de reír y de seguir.

En la segunda escena, el monólogo interior y la conciencia abrumada por la angustia de Manuel se despliega en una pluralidad de voces: la de Mía (Checha Amorosi), Marisa (Viviana Suraniti) y Luz (Ale Feudal). Es decir, Manuel intenta exorcizar su tristeza y sus inseguridades creando una obra de teatro que narra un triángulo amoroso entre mujeres que funcionan como su alter ego y el de Pablo y sobre todo como el espejo de su conflicto pasional. Las tres actrices sobresalen de manera extraordinaria cumpliendo el papel que Manuel (Cortés) soñó para ellas.

Cortés recurre a la vieja idea, cara al barroco, de la vida como teatro y como ficción para preguntarse, quizá, una vez más, para qué sirve el arte y cuál es su relación con la vida. ¿Sirve, como pensaba Aristóteles, como catarsis, como imitación de la vida que permite purificar las emociones y liberar los sentimientos de piedad y de miedo, las pasiones desmesuradas, la hybris que conduce a la tragedia?

Moviéndose entre diferentes géneros —el melodrama, la tragedia y la comedia—, diferentes hipertextos —Sarah Kane, David Lynch, Almodóvar, entre otros— y entre diferentes amores, Desmesura termina narrando varias historias de amor, gays y lésbicas, pero con la que puede identificarse cualquier espectador.

Aun así, los levantes callejeros, el insulto y las humillaciones a gays y lesbianas, la huida a la ciudad, la necesidad de los amigos y el matrimonio igualitario, junto a otros temas caros a la comunidad Lgtbi, son tratados con la sutileza y la ternura que impregnan toda la obra. Así, el miedo al paso del tiempo queda registrado en un diálogo en el que Manuel le pregunta a Pablo: “¿Sabés que no puedo imaginarte viejo? ¿Se te irá esa mirada de galán de cine clásico cuando seas viejo?”. A lo que Pablo le contesta: “¿Sabés qué? Ojalá se me vaya. Porque no me va a servir de nada si no es con vos”.

Funciones en Mar del Plata desde el 6 de enero. Martes 23.30 Teatro del Septimo Fuego, Bolivar 3675 .Viernes y sabados 0.15 Teatro de la Alianza Francesa, La Rioja 2065.


ENTREVISTA CON MOSQUITO SANCINETO. El actor y maestro de improvisación impulsa la tercera edición de “Destravate”, el encuentro creativo que se está desarrollando en la Ciudad de Buenos Aires hasta el jueves, y que este año celebra la ley de identidad de género.

 

 

“Esperá que me arreglo un poco”, pide para posar en la foto. Saca un espejo y con un rouge rojo pinta sus labios, con sus dedos acomoda su cabellera también rojiza. “¡Listo!”, anuncia. Lleva pulseras y los dedos cargados de anillos. “Yo no me considero travesti, aunque muchos consideren que sí, este el juego que propongo, piensen lo que quieran”, dice con total franqueza Mosquito Sancineto, despojado de cualquier halo de provocación. Actor, director, maestro de improvisación y principal impulsor del festival Destravarte expone su orgullo ante la concreción de la tercera edición del evento definido como encuentro de arte trans, que tendrá lugar entre el 12 y el 15 de diciembre que este año celebra la ley de identidad de género.
–¿Cómo surgió el eslogan “Celebramos nuestra identidad y festejamos la diversidad”? –Por la ley de identidad de género. Algunas querían “Identidad de género ya”, pero no es imperativa la cosa, es una invitación ¡vamos a celebrar! El arte celebra, reúne, suma, el arte no impone, debate, muestra, abre puertas para ver qué se obtiene de eso. Este año hay dos sedes (ver recuadro) y habrá un reconocimiento especial a la entidad Teatro por la identidad. –¿Por qué el festival se define como un encuentro arte trans? –La convocatoria es para artistas trans, travestis, homosexuales, transformistas o que no lo sean pero abordan el tema. Yo creo que existe un arte trans. –¿Cuáles son las particularidades del arte trans? –Justamente, existe una actriz travesti que se sube a un escenario y que puede condicionar ese espacio siendo travesti misma o siendo una actriz que hace personajes femeninos. Luego el espectador hará el trabajo subjetivo de abstraerse y no verla como un travesti sino como una actriz más. Pero siempre está eso de “es travesti”, es necesario que, de a poco, eso se vaya esfumando. –¿Se ve primero la identidad sexual sobre el artista? –¡Claro! En este caso decimos trans porque somos travestis pero en unos años más el arte será más mixto y ya no será necesario ponerle Destravarte a este tipo de encuentros. Esperemos que lleguemos al “liberate” en vez del “destravate”. –El título Destravarse, ¿tiene relación al problema de la visibilidad? –Tiene varias lecturas. La visibilidad es una. El “destravarte” es un llamado a la comunidad para que empiecen a mostrarse sin prejuicios y también hay un llamado a la sociedad para sacarse la intolerancia. Intolerancia que a veces viene de la ignorancia de la educación que uno recibió, esa educación, la de la Iglesia que discrimina o aquella educación reaccionaria de la clase media que se queja y no sabe muy bien por qué, y que cuando empieza a profundizar o analizar los por qué descubre que están viviendo mal y que vale la pena descubrirse. Hay gente que con el festival inicia un proceso, el encuentro sirve como una llave que les activa algo. –¿Cuánto ayuda al impulso de aceptarse la ley de identidad de género? –¡Es buenísimo! Esto del documento para muchas compañeras es muy bueno. Hay un impulso de entidades y personalidades que nunca nos callamos la boca y logramos ir hacia delante, es un  proceso que yo vivo con la improvisación: siempre avanzar con una historia, y está bien y es sano. ¿Sabes cómo sana cuando alguien te acepta tal cual sos o cuando uno se mira al espejo y dice: qué suerte me miro y se quién soy? –¿Qué ambiente artístico rechaza más la identidad sexual? –La televisión, a no ser que seas lo que ellos quieran que sean, o sos la travesti puta, sin nada en la cabeza que tiene pura teta y culo, que hay que rechazar y a la vez hay que cogérsela. Aun hay ese tipo de libro de colegio secundario. –¿Cuál es lugar de mayor inclusión? –El teatro y estos movimiento de redes y cooperativas, lugares que sobre todo tienen autogestión. Hay compañías enteras de actores trans, es un camino difícil, pero lo hacen y, en el ámbito teatral, logran su objetivo que es que gente los vaya a ver.  –¿Falta mucho para que la heroína de la telenovela en TV abierta y en prime time sea una travesti? –¡Años luz! Pero lo vamos a lograr, por ahí comencemos por una trasnoche, pero algún canal dará el puntapié inicial. No soy el militante de “todos tienen que ser gay”, sólo estoy a favor de la diversidad.


“Convoco a los cristianos a reflexionar y a evitar las agresiones frontales, las manifestaciones que dañan las relaciones que la Iglesia Católica se ha esforzado en mantener con el arte y los artistas. Les pedimos que traten de comprender y de interpretar lo que ven.” Estas  declaraciones sorprendentemente conciliadoras corresponden a monseñor Pascal Wintzer, titular de la comisión de Fe y Cultura de la Iglesia francesa. Y luego agrega: “El escándalo y la provocación forman parte de la búsqueda artística”. Se estaba refiriendo a las protestas que acompañaron, en Toulouse, el estreno de Gólgota Picnic, del argentino Rodrigo García, presentada en español con subtítulos en francés. A su vez, el autor declaró cuando fue el estreno en España: “Hace mucho tiempo que me interesaba la Biblia como literatura y como fábula bellísima, con ese despliegue de imaginación, con su locura de demonios y ángeles. Y también con su lado ético, encarnado en Cristo y en su intento de llevar a la sociedad una doctrina del amor, cuando resulta tan difícil que vivamos juntos y en paz”. Mucha tolerancia en el discurso pero poca a la hora de la práctica: la puesta en escena es claramente provocadora y la reacción de los integristas franceses excesiva y amenazante, al punto de que la obra debe representarse rodeada de un dispositivo de seguridad. El acontecimiento da para pensar varias cuestiones. Cuando se produjo el escándalo por la exposición de León Ferrari en el Recoleta, las protestas de sectores conservadores locales culminaron en la clausura de la muestra. Esos mismos grupos, u otros similares, han logrado que no se exhiba en los cines Je vous salue Marie, de Jean-Luc Godard y, seguramente, otras obras se han quedado en cedazo. La Iglesia local ha demostrado un activismo en cuestiones seculares que sus colegas franceses atemperan bastante, si se toman en cuenta las declaraciones ante los disturbios por el estreno de Gólgota Picnic. No es la primera vez que los franceses tratan de establecer un diálogo con quienes los cuestionan. Cuando se votó la Ley del Aborto, en la década de 1960, por supuesto no apoyaron, pero no armaron una oposición furibunda, como sucede entre nosotros. Quieren intercambiar con el resto de la sociedad, porque hay terrenos en común. De hecho, puede decirse, que tanto García como Ferrari o el propio Godard, además de Martín Scorsese en La última tentación de Cristo, plantean simplemente una lectura diferente del texto bíblico, cuyas palabras han sido interpretadas y reinterpretadas de manera constante a lo largo de la historia. La cultura occidental está, para bien o para mal, marcada por el espíritu judeo-cristiano. De allí es casi imposible salirse. Luis Buñuel decía, con una sonrisa cómplice, que en España eran católicos hasta los ateos. De hecho, el arte, incluso aquel más execrado por la jerarquía eclesiástica, participa de la noción de lo sagrado, aunque pueda asumir perspectivas que no sean religiosas. El furor contra la Iglesia desplegado por el anarquismo (a título de mero ejemplo curioso, en Buenos Aires se publicó semanalmente, en la segunda década del siglo XX, El Burro periódico anticlerical ilustrado, destinado exclusivamente a fustigar a curas y monjas con todos los insultos imaginables) implica, pese a todo, una discusión sobre la libertad del hombre, uno de los temas conflictivos de la teología cristiana -que fue la que instaló la cuestión como problema- con su doctrina del libre albedrío que entra hasta cierto punto en contradicción con la idea de la voluntad absoluta de Dios. Al impedir que sus planteos puedan abrirse al diálogo con quienes no los comparten, la Iglesia establece una forma de poder que, pese al cambio de las formas, sigue  respondiendo al modelo de la Inquisición. Hay una única ortodoxia y el resto es herejía. Existe una rígida frontera entre aquello que se postula como verdad absoluta y el resto de las visiones que circulan por la sociedad. Lo expresó una anónima monja manifestante en Toulouse: “No quiero que se vea nada abominable, es en nombre de Jesús Cristo que estamos hoy aquí”. El episodio con la obra de García coincide con la campaña de Benetton, uno de cuyos afiches muestra (photoshop mediante) a Benedicto XVI besándose con el Imán egipcio Ahmed Mohamed El Tayeb. La reacción del Vaticano fue en este caso jurídica, va a entablarle acciones legales a la pretendidamente más progresista de las fábricas de ropa. El motivo evidente del enojo es la situación intencionadamente equívoca de mostrar al más alto dignatario de la Iglesia Católica besándose con otro hombre en la boca. Pero también habría que pensar en la totalidad de la campaña,  que incluye a Angela Merkel, a Nicolas Sarkozy, a Vladimir Putin y a Barack Obama, entre otros. El ex cardenal Joseph Ratzinger aparece en una serie en la cual es un político más, un factor de poder secular. Un  lugar en el que no se siente cómodo pero que, de algún modo, es adecuado para una institución que interviene en los asuntos públicos y que opera a favor  de unos y en contra de otros. El argumento de quienes buscan clausurar muestras y prohibir obras de teatro o películas es que si ese contenido que ellos viven como una ofensa a sus creencias se refiriera a, por ejemplo, la comunidad negra o al judaísmo, la condena social sería prácticamente unánime. Es algo pensado para ganar la batalla ideológica con sus detractores, pero se basa en la falacia de confundir deliberadamente la crítica a los contenidos religiosos con la discriminación o el racismo. El asumir que se está ejerciendo un rol político y que se forma parte de una sociedad que los obliga a convivir -aunque sea de forma polémica, pero en relativo pie de igualdad- con otras visiones del mundo no parece ser el camino elegido por la Iglesia. Y esa elección los ha llevado a un constante aislamiento, porque siguen pensando lo sagrado como un  coto administrado y exclusivo. Esto los vuelve inmunes a la idea de libertad.

Por Marcos Mayer. Revista DEBATE, 26 de noviembre de 2011.


TELEVISION: ENTREVISTA A LA ACTRIZ CECILIA ROTH

“Siempre me expresé como ciudadana desde lo artístico”

Es una de las protagonistas de “El pacto”, la tira que sale los jueves por América TV y que aborda ficcionalmente el caso Papel Prensa. La actriz dice que “este tema nos atraviesa como sociedad” y subraya: “Estamos en un momento ideal para reflexionar sobre lo que nos pasó”.

Tras la polémica que se generó en torno de la abrupta salida de Mike Amigorena de su elenco, la denuncia de la producción por “presiones” y la postergación de la fecha de estreno, finalmente  “El pacto” vió la luz en la pantalla de América TV. La ficción que aborda el traspaso en plena dictadura de las acciones que la familia Graiver tenía de Papel Prensa a favor de Clarín y La Nación (aunque sin dar nombres reales), tiene entre sus protagonistas a Cecilia Roth. El estreno de una nueva ficción que –como Montecristo hace unos años– vuelve a poner el foco en la complicidad civil con la dictadura militar es el disparador para que la actriz argentina, que durante muchos años vivió en España, analice –más allá de los motivos que la llevaron a participar de la historia escrita por Marcelo Camaño– los cambios que vislumbra en la sociedad argentina. “Voy a ser honesta”, se confiesa Roth en la entrevista con Página/12. “Durante muchos años –subraya– tuve mucha bronca con Argentina, básicamente porque sentía que nosotros mismos no nos mirábamos como país, que estábamos muy atomizados. Hoy tengo la suerte de formar parte de un proyecto de país que nos involucra a todos.”

Desde el mismo momento en que su trama tomó estado público, El pacto generó mucho más ruido mediático que las otras nueve ficciones que el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) seleccionó del concurso Plan de Promoción y Fomento de Contenidos Audiovisuales, y que desde hace varias semanas se emiten en América y Canal 9. La inspiración en los acontecimientos que rodearon al traspaso de las acciones de Papel Prensa encendió una mecha de tensión mediática que estalló cuando Amigorena, que interpretaba a un CEO de un importante grupo multimediático, pidió dejar la ficción de la que era protagonista por no sentirse “cómodo”. Desde ese momento, las versiones sobre las causas que llevaron al actor a abandonar El pacto fueron muchas y nunca se aclararon del todo. Lo único concreto es que el programa puso de manifiesto que la complicidad de ciertos sectores con la dictadura genera mucha incomodidad al día de hoy.

En la ficción, Roth interpreta a Lucía Córdova, una abogada especializada en delitos económicos a la que acude José Gancedo (Federico Luppi), un empresario que compró periódicos y por diversas cuestiones los fue perdiendo. En la investigación del caso, la abogada se topa con que Gancedo no le había contado una parte de la historia sobre sus adquisiciones, que lo involucra en un delito aberrante cometido durante la dictadura. Es en ese momento cuando, en medio de un thriller, El pacto hace foco en la adquisición de Papel Prensa por parte de ciertas empresas periodísticas. Además de Roth y Luppi, la ficción dirigida por Pablo Fischerman (Socias) cuenta en su elenco con Cristina Banegas, Luis Ziembrowski, Moro Angheleri, Violeta Urtizberea y Rafael Ferro, entre otros. A raíz del abandono a mitad de camino de Amigorena, el último en incorporarse al equipo fue el español Eusebio Poncela (ver aparte).

“Cuando me ofrecieron el proyecto y supe que Javier Nir y Sebastián Rollandi eran los productores, Pablo Fischerman el director y Marcelo Camaño el autor, acepté estudiarlo porque antes de trabajar con ellos merecían el mayor de mis respetos y mi admiración, cada uno en su área”, cuenta Roth. “Los actores convocados también me entusiasmaban. Estaba en España y leí los guiones con mucho interés, sabiendo de qué se trataba la historia. Y artísticamente me interesó muchísimo el proyecto, por la manera que la ficción iba a entretejerse con un tema que nos atraviesa como sociedad, con una problemática tan descriptiva de la connivencia cívico-militar. Poder entramar en una ficción la complicidad de cierto sector de la sociedad con la dictadura, en esos años tan oscuros, es un recurso tan rico como necesario”, puntualiza la actriz.

–¿La combinación de ficción y realidad fue un condimento extra que la motivó a aceptar el proyecto?

–Me interesó el cruce entre realidad y ficción, porque creo que desde un programa de TV se pueden generar disparadores que trascienden lo artístico. Obviamente, soy actriz y lo que hago es componer un personaje que tiene determinadas características. Pero éste es un momento ideal para reflexionar sobre lo que nos pasó. En ese contexto, me parece que El pacto encaja para aportar una mirada.

–¿Su participación en El pacto obedece a una decisión de tomar un mayor compromiso con lo social, trascendiendo –incluso– los límites artísticos?

–No digo en forma partidaria, pero siempre tomé un compromiso político, por acción u omisión, con la realidad que me rodea. Nunca fui ajena a nada de lo que sucede a mi alrededor ni a mí, en tanto ciudadana. Creo que todos hacemos política todo el tiempo, sea por acción u omisión. El ser humano es inherentemente político. Siempre ejercí ese compromiso; no es que me surge ahora. Un lugar en el mundo fue una película con un compromiso político muy claro; Martín (Hache) lo mismo; Kamchatka también. Muchas de las cosas que se trataban en Nueve lunas mostraban una toma de posición con la realidad.

–La diferencia es que El pacto aborda la problemática de Papel Prensa, que hoy es parte de la agenda mediática y judicial.

–Pensé mucho mi participación en el proyecto, justamente por ser parte de la agenda cotidiana. De la misma manera que lo pensé lo hablé con el autor y con el director. Y varias cosas que están en los guiones se han ido puliendo y adecuándose de manera tal que no perturbara lo ficcional y que, además, no fuera tendencioso. Hubo mucho cuidado. La única manera de plantear seriamente una situación tan cercana a la actualidad y que produce tanta crispación en muchos ámbitos es evitando caer en un relato tendencioso. Por eso es interesante que la vea el espectador, para que en todo caso sean los televidentes quienes asuman una postura.

–¿Cree que El pacto logrará despertar esa inquietud cívica en el espectador?

–A mí me la provoca, vamos a ver qué le sucede al espectador. El pacto es un gran programa de entretenimiento. Lo que sucedió es que lo político corrió de eje la solidez artística de El pacto.

–La repercusión mediática que surgió alrededor de El pacto, inclusive antes de la salida polémica de Amigorena del elenco, ¿favorece el despertar de esa conciencia?

–Los argentinos estamos con mucha necesidad de mirarnos y de revisar nuestra propia historia. Es un muy buen momento para plantear cosas que nos atañen. El pacto contará abiertamente una problemática histórico-social-mediática que nos involucra a todos.

–¿En los años ’90, por ejemplo, se hubiera generado la misma expectativa por este tipo de relatos?

–En los ’90, una ficción como El pacto ni siquiera se planteaba como realización. No existía esa posibilidad. Está bueno hablar de esto. Los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina de Kirchner han novilizado mucho a los argentinos por su compromiso con los derechos humanos. Pero es insoslayable que los derechos humanos eran piantavotos; no hubo una estrategia electoralista en este punto. Hubo que hacer un cambio muy grande como sociedad para atreverse a mirar y analizar problemáticas a las que determinados sectores de poder le habían dado un punto final. Como pueblo estamos mucho más maduros respecto de los ’90. Estamos atravesando un tiempo en el que la ciudadanía tiene la necesidad de reverse como parte de una historia y de un país, más allá de cualquier partidismo político. Eso no quiere decir que todos pensemos lo mismo. Una sociedad es la convivencia de muchas miradas que se cruzan y discuten entre sí.

–¿El pacto es un proyecto más o tiene un significado especial?

–Ningún proyecto es uno más para mí. Siempre me expresé como ciudadana desde lo artístico. Ese es mi compromiso con mi oficio y con mi ser ciudadano. Elijo mi oficio para expresarme como ciudadana. Después, cualquiera, haga lo que haga, puede militar por fuera de su ámbito profesional. Esa es una elección personal. Nuestro oficio de ciudadanos es comprometernos con nuestro tiempo. Durante mucho tiempo eso se desconsideró. Está bueno sentirse parte de lo que nos ocurre como país.

–¿Hubo un tiempo en el que no se sintió parte de un proyecto de país?

–Durante mucho tiempo envidié a amigos, argentinos o no, que se sentían parte de su patria aun estando muy lejos de su tierra. Me cuestionaba qué era lo que me pasaba a mí que no tenía ese sentimiento de pertenencia. Solía adjudicar ese desarraigo a todo el tiempo que viví afuera, a esa cosa de sentirme cosmopolita…, pero me angustiaba porque siempre hay una raíz en algún lugar. Está bueno poder sentirme ahora arraigada, ser parte de una sociedad, de un colectivo.

–¿Y qué rol considera que cumplió y cumple el kirchnerismo en ese cambio socio-cultural?

–No sé si es el kirchnerismo. Siempre los gobiernos son el producto de un proceso de todo un pueblo. No creo que sea al revés. Y eso es necesario decirlo porque, como dijo Cristina el otro día, esto es una continuidad. Y este proceso es el comienzo de una continuidad, de un proyecto de Nación, no de un gobierno. Ojalá podamos entender que el proyecto de país es responsabilidad de todos y no de un gobierno.

–¿Hoy cree que su hijo va a vivir en un mundo mejor que el que le tocó a usted?

–¿Sabés qué es lo que me pasa ahora? Pienso que yo voy a vivir en un mundo mejor. Esa sociedad mejor la soñaba para mis nietos. Creer que tal vez uno pudiera disfrutar de un país más justo y alegre es movilizante, esperanzador. El otro día lo hablaba con mi papá y le decía que en una de ésas voy a tener la suerte de que mi generación vea una sociedad más justa y unida. Eso no es poco para las expectativas que tenía hasta no hace mucho.

Entrevista realizada por Emanuel  Respighi para “Página/12”. Buenos Aires, noviembre de 2011.


Cada sábado a las 22.30 el ritual se repite y en una sala de teatro independiente en el corazón de Emabajadores, 12 personajes nos esperan en el escenario mientras vamos ocupando nuestros lugares. Sus miradas atentas nos avisan que pronto compartiremos algo más que un sueño. En ese espacio enorme, ellos dominan la ficción de hacernos creer que lo nuestro es una realidad transitoria, ya que a poco de andar se descubre que sus historias son también las nuestras. Cualquiera sabe, por experiencia propia y ajena, que el dolor y el sufimiento existen y que pueden durar insoportablemente mucho tiempo. Estos 12 personajes plantean que es posible convivir con las oscuridades del alma desde la alegría, dándole un sentido múltiple al mundo y a la vida para desenmascararla y ponerla en el centro de la escena. Nos cuentan en el fondo de sus visiones que lo que sucede, conviene, aunque sea algo malo, algo que uno hubiera preferido que no ocurriera nunca. Porque es en esos momentos de adversidad, cuando parece que se te cae el mundo encima, cuando deberíamos tener la certeza, aunque no nos demos cuenta, de que eso tan malo que está pasando, es para bien, es para mejor.

Estas doce historias de vida ficcionalizan la adultez como un estado natural en donde no “hacen” de adultos, sino que lo son con todas sus consecuencias y responsabilidades, para bien y para mal. De pronto la vida no les ha dado las respuestas que han buscado desesperadamente y anidan la esperanza de bajarse en la última estación, en la que se puede tomar otro camino. Se atreven con el riesgo y son conscientes del vértigo del viaje y lo suavizan contándonos sus sueños, compartiendo sus cotidianos horrores, a veces con furia, otras con alguna sonrisa, pero siempre con la guardia en alto, sospechando que aquéllo de que el destino es sólo un deseo que se cumple es algo más que una famosa frase de diván.

La oscuridad funciona como la luz del alma que clama una salida posible y consensuada. El espacio escénico jamás está vacío. Hay un grito colectivo que niega y oculta el precipicio que cada uno tiene bajo sus pies y lo transforma en trampolín y salvación. Cómplices del amor, no sucumben al destiempo de ningún sentimiento y se atreven a cruzar el portal.

Es la historia de aquéllos viejos y repetidos miedos, incluso de aquéllos infiernos vaciados de vergüenza y autocompasión, con dudas fáciles de apartar y terribles de resistir. Es la historia de los que defienden sus castillos mientras despliegan sus diminutas banderas con esfuerzo. Alumbran éstos seres nuestras propias melancolías con ficción y sentido, simplones, vestidos de teatro, haciendo del  mundo un lugar más habitable, más amable.

Mientras vamos ocupando poco a poco nuestros lugares en la sala, ellos nos miran con atención desde el escenario… Quizás en esa irreverencia esencial de los artistas anide la posibilidad de ser felicies, de vivir sin tristeza para siempre.

Por Alberto Bemposta, Zaragoza, sábado 22 de Octubre de 2011.

EL GRAN ANIMADOR


 ADIOS A NICOLAS “PIPO” MANCERA (1930-2011)

El hombre que convirtió a la televisión en un show

El creador de Sábados circulares, el primer programa ómnibus de la TV argentina, que se mantuvo en el aire durante 14 años consecutivos, fue pionero de un medio que todavía hoy sigue sus huellas. Hubo un antes y un después de Pipo Mancera.

 

Por Emanuel Respighi (especial para “Página/12”).

Quienes lo conocieron –los artistas que participaron en sus programas o simples espectadores de sus ciclos– suelen afirmar que fue “el hombre que inventó la televisión”. Aunque la definición puede sonar exagerada, Pipo Mancera tenía motivos suficientes para sostenerla con cierta solvencia. Al fin y al cabo, el creador de Sábados circulares tiene varios hitos en su carrera, que lo posicionan como uno de los más grandes referentes de la TV argentina: fue quien introdujo en el país el formato de programa “ómnibus”, también fue pionero en la utilización de “cámaras sorpresa” como recurso televisivo y hasta se dio el lujo de entrevistar en el estudio del viejo Canal 13 a las personalidades internacionales más importantes del momento. Su legado, con el siempre deformante paso del tiempo, se puede aún hoy encontrar en cualquier programa de entretenimientos de la TV. Hubo un antes y un después de su conducción de Sábados circulares en la TV argentina. Ayer, a los 80 años, Nicolás “Pipo” Mancera murió en su casa, como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio.

El mote de “Señor Televisión” para referirse al periodista (fue crítico cinematográfico del vespertino La Razón y de la revista Tiempo de cine), conductor y productor tiene su fundamento. Basta repasar algunos hitos de la carrera de Mancera para comprender la magnitud de su figura televisiva. Fue el primer productor independiente de TV, cuando su productora Mane SA se asoció con Canal 13 para hacer Sábados circulares, programa que se mantuvo ininterrumpidamente al aire durante 14 años, entre 1961 y 1974, contando la temporada inicial, que fue por el 9. Primer ciclo ómnibus de la TV local, el programa ostenta –según la leyenda nunca desmentida– el record de rating de la historia de la TV local: la transmisión en directo del casamiento en 1967 de Palito Ortega con Evangelina Salazar alcanzó los 82 puntos, cifra nunca igualada. También fue el hombre que en 1962, sin camión de exteriores, tiró por arriba de los techos y calles cientos de metros de cables entre Canal 9 y el sanatorio Mater Dei para salir en vivo con una entrevista, sin necesidad de un camión de exteriores. En ese recordado programa, también, se realizó la primera transmisión vía satélite (1969) para la televisión argentina, con un envío especial desde el Festival de Venecia.

Consciente del rol de entretenedor que le tocaba, y de la necesidad de mantener a la audiencia, Mancera nunca dudó en plasmar todo tipo de notas de alto impacto que, incluso, se animó a protagonizar, poniendo en riesgo su integridad física. Todavía se recuerda cuando se tiró al Río de la Plata encadenado y con un chaleco de fuerza para emular a Houdini; también cuando se recostó sobre una cama de clavos y le caminaron por encima, o cuando para probar la eficiencia de los cinturones de seguridad se tiró con un coche al río. “No tuve miedo nunca. Yo creo en el destino y considero que nadie se muere en la víspera”, dijo tiempo después.

El hombre de físico desgarbado, ojos saltones y casi nada de carisma supo acaparar la atención de todo un país gracias a su osadía, un estilo que contrastaba rotundamente con la solemne imagen que por entonces caracterizaba a los conductores de la época. Así, haciendo honor a su formación periodística, Mancera llegó a convivir una semana con los enfermos del hospital Borda, mostró la zona de las prostitutas en el Bajo en plena década del ’60, se metió en las cloacas de la avenida Juan B. Justo mucho antes de que el arroyo Maldonado las convirtiera en figuras televisivas, y hasta vivió bajo el agua en un submarino una semana entera. Showman con todas las letras, a lo largo de las 664 emisiones del programa que modificó las costumbres televisivas de los sábados, Mancera llegó a organizar en los estudios partidos de pato, polo, competencias de equitación y hasta una corrida de toros. En Sábados circulares, todo era posible.

“Es cierto que en TV hice cosas muy audaces. Algunas, demasiados fuertes para la época. Pero nunca dije ni toleré palabrotas, sexismo barato ni mal gusto”, se diferenció tiempo después. Incluso, en esa suerte de programa de variedades para toda la familia que fue Sábados circulares, Mancera implementó por primera vez en la TV argentina las cámaras sorpresa. “Hay una gran diferencia entre mis cámaras sorpresa y lo que hoy es la cámara oculta. Yo tomaba el primer día de clases de un jardín de infantes, por ejemplo, cuando la madre se iba. Para mí era encantador, ahora probablemente suena a boludo. En todos los casos tenía un talonario donde la gente me autorizaba a proyectar esa secuencia por televisión. Y la gente firmaba, porque con tal de aparecer en TV hacían cualquier cosa. La gente se muere por la TV”, se justificó hace algunos años.

La repercusión y audiencia de Sábados circulares llevaron a que el resto de los canales modificaran sus programaciones como para intentar hacerle fuerza. Así, durante los 14 años que duró el ciclo, la TV argentina revitalizó la históricamente alicaída programación sabatina. Claro que la competencia echó mano a la misma fórmula: imitando la estructura, Canal 9 lanzó Sábados continuados con la conducción de Antonio Carrizo, y más tarde Sábados de la bondad, con Héctor Coire. Por su parte, terciando en la competencia de los “ómnibus” de los sábados, Canal 7 lanzó tiempo después Siete y Medio. Pero fueron intentos en vano. La tarde del sábado tenía un único dueño.

Claro que no sólo de rarezas se basaba el éxito de Sábados circulares. En medio de esa caja de Pandora televisiva, y a medida que la audiencia iba creciendo y los anunciantes pagaban fortunas por emitir sus comerciales en las seis horas que duraba el programa, Mancera comenzó a contratar a todo tipo de artistas nacionales e internacionales para que se presentaran en vivo en los estudios. Esta también fue otra novedad que introdujo Mancera. Lola Flores, Raphael, María Félix, Pelé, Joan Manuel Serrat, Geraldine Chaplin, Marcello Mastroianni, Simone Signoret, Sophia Loren, Atahualpa Yupanqui, Sean Connery, Gila, Lolita Torres y Alain Delon fueron algunos de los artistas que por esos años cantaban o simplemente pasaron por los estudios del 13.

“Fui un boludo”, declaró tiempo después. “El 90 por ciento de todo lo que ganaba, lo reinvertía en mi programa. Una vez, Gila me contó que llegó Lola Flores a España después de actuar en mi programa y empezó a decirle a todo el mundo: ‘En la Argentina hay un petiso medio loco que me pagó 45 mil dólares por 10 minutos de actuación’. Si hubiera sabido, le habría pagado 2500 por una hora entera. Creí, erróneamente, que esos buenos tratos me habían reportado grandes amistades. Cuando me fui, en 1974, a Francia, llamé a todos aquellos famosos a los que les había pagado fortunas para ver si podían tirarme un laburito. Se borraron olímpicamente”, contó hace algunos años. A nivel local, figuras como Leonardo Favio, Cacho Fontana, Alberto Closas, Luis Sandrini, Libertad Lamarque, Tita Merello, Niní Mar-shall y Aníbal Troilo eran habitués del ciclo. Incluso, Sábados… tiene en su historia haber sido el lugar en el que debutaron en TV Palito Ortega, Violeta Rivas y Sergio Denis, entre otros.

Como para graficar el aporte que Sábados… hizo a la historia audiovisual argentina, basta rescatar dos materiales repetidos hasta el hartazgo y que surgieron en el ciclo. Aquel reportaje en el que Diego Armando Maradona, cuando apenas era un pibe haciendo jueguitos en el potrero, señalaba que su sueño “era jugar en Primera y ganar un Mundial”, fue realizado por Mancera en 1971. También la primera aparición televisiva de Sandro, cuando con Los del Fuego se movía y se vestía a lo Elvis, se produjo en el programa de Mancera. De hecho, por esa presentación de 1964, en la que Sandro levantó polémica por sus movimientos pélvicos, Mancera fue apercibido por la censura de la época. Poco le importó a Pipo: Sandro fue una de las figuras locales que supieron tener las puertas abiertas del programa.

El 11 de noviembre de 1974 fue la última emisión de Sábados circulares, decisión precipitada luego de que su amigo y relator José María Muñoz le confesara que se “tenía que rajar porque era boleta”. Se exilió en Francia, donde no pudo trabajar con asiduidad, para luego volver en 1978, presentando un programa que no tuvo éxito, pero en el que introdujo un “detector de mentiras”. Recién retornaría al medio en 1983 con Videoshow, un ciclo que solo duró 29 días al aire y del que siempre se mostró arrepentido. En los años siguientes produjo algunos espectáculos, manteniéndose fuera de la pantalla hasta que en 2007 Héctor Ricardo García lo contrata para poner al aire de Crónica TV una versión moderna de Sábados circulares, con un noventa por ciento de material de archivo. Pero su regreso pasó con más pena que gloria. Era otra televisión, montada sobre su propia creación. Pero su época de oro ya había pasado.


Prolífica e intensa, dice que el teatro es la vida misma. Del dolor y los miedos, de lo espiritual que la guía día a día y de trabajar junto a sus afectos, habla esta artista multifacética.

 

El diccionario explica la palabra intensidad como la fuerza o vehemencia con que se manifiestan los sentimientos. Imposible encontrar un término más perfecto para describir a Leonor Manso. Actriz, directora teatral y, a partir de este mes, directora escénica de ópera. Menuda, de constante sonrisa melancólica y mirada encendida, recibe en su living de Barrio Norte, un espacio que impresiona por la luz, los colores y las plantas que asoman desde el balcón. “Siempre necesité del verde. Yo nací en Mármol, en una casa, pero como era muy delgadita un día mi papá decidió que nos mudáramos a Villa Ballester, que era mucho más verde y, según la creencia de esa época, había aire más puro. No se equivocó. Allá me crié y fui muy sana y feliz, rodeada de árboles y animales. Hoy vivo en un departamento, pero rodeada de plantas, el canario Fermín y mis dos gatas. Pero ellas son una historia aparte”, comenta.

Lo de de Sofía y Alma, sus gatas, vale la pena contarlo. Llegaron a su vida cuando finalizó la novela Locas de amor, a causa de un berrinche asombroso de una de las gatas que participaban en la tira. “Mi personaje estaba rodeado de gatos que proveía un señor. Pero Coqueta era la que estaba más cerca de mí. La cosa es que un día este hombre me contó que a la noche, cuando veía el programa, la gata escuchaba mi voz y se tiraba arriba del televisor. Me convenció acerca de mi sex appeal con los felinos y terminó regalándome a Sofía, que es de raza egipcia o algo así. Después, como si todo esto fuera poco, nació Alma, que es muy temperamental, bella. Qué tema el de la belleza.”

-¿A qué te referís? ¿Está muy manoseada la palabra belleza?

-Creo que lo expresivo tiene que ver con la belleza, pero hoy mucha gente está confundida y cree que es otra cosa, algo físico nada más. Encontrás belleza, y por lo tanto felicidad, cuando hacés lo que te gusta. La infelicidad aparece cuando querés hacer algo y ese algo nunca llega. Cuando estás pensando en que, en realidad, querías hacer otra cosa o que merecés algo distinto. Pasa con la gente común. Vendedores o taxistas que te maltratan o no te escuchan, pero en realidad ellos ni lo advierten. ¿Por qué? Porque no están donde están. Pocos están donde están. Y eso es tremendo. Voy a aquello de que “si yo hago pan, hago pan”. Y lo hago lo mejor posible. Hay que hacer las cosas con amor y ganas; si no, te vas empobreciendo. Yo eso lo aprendí de mi madre, que era ama de casa.

-Luego de la tragedia que viviste por la muerte de tu hijo, ¿cómo hiciste para encontrar fuerzas, para poder volver hablar de belleza, de ganas, de amor?

-No lo sé. Supongo que es mi vocación lo que me mantiene. Hay una aceptación. Uno siente infinito dolor, algo que siempre va a extrañar. Pero también siente que eso está y hay que vivir con esa piedra. Meterme adentro de personajes, en temas de la humanidad, ayuda. No creo que sea evasión, al contrario. Estar trabajando todo el día con lo humano te hace entender un poco más la vida. Sin duda algo pasa con tu alma. Yo vengo de la generación de los 70, en donde se creía en el materialismo. Todos creíamos que una vez acabada la materia, no había otra cosa. Pero ya no creo en eso. Tengo sensaciones que me demuestran lo contrario. Me lo dice mi intuición. Esto es una experiencia que termina,?pero tal vez no. Hay algo espiritual que uno siente en lo cotidiano.

-Y eso alivia…

-No lo sé. Pero da un poco de paz. Siento que uno no es nada más que un medio. Por mi trabajo sé que siempre hay algo que no maneja la cabeza. Ultimamente estoy confirmando que el teatro es la vida misma. Todas las noches la misma obra, la misma letra, pero siempre es distinto. El transcurrir es diferente, y hasta esa especie de composición química que se da con el público. Siempre es lo mismo, pero nunca igual. Eso tiene que ver con la vida.

-Tenés ex maridos actores e hija actriz. Además, en El elegido hacías de esposa de tu ex (Patricio Contreras) y madre de tu hija (Paloma Contreras). Llamativo entrelazado de realidad y ficción…

-Con Patricio nos queremos mucho. Y Paloma es una gran actriz. De chica, cuando dijo que entraría al Conservatorio de Arte Dramático, él tuvo más dudas. Yo, en cambio, estaba feliz. Si era su vocación, eso se vería venir. Ahora estamos encantados y disfrutamos mucho de trabajar juntos. Fue muy lindo compartir largos días de trabajo, luego compartir el remís… Cosas simples de la vida que reconfortan. Igual, ahora sólo sigue Paloma en la novela.

-El final de ustedes dio mucho que hablar. Murieron violentamente, de un día para el otro. ¿Estaba así estipulado?

-Sí, claro. Ya sabíamos que en esa instancia de la trama necesitaban una vuelta de tuerca bien fuerte. Y, la verdad, a nosotros nos venía bien, porque ya teníamos que empezar a ensayar las obras de teatro. Nunca existió ningún problema con nadie, y menos con Leticia Brédice, como escuché decir. Imagínense si yo voy a tener problemas con ese encanto de chica, con quien además nunca compartía escenas. No, la verdad es que fue una experiencia fabulosa, donde todos nos encariñamos mucho.

-¿Ves televisión?

-No tengo tiempo. Estoy haciendo la puesta de escena de una ópera maravillosa y ensayando una obra en la cual me dirigirá Luciano Cáceres, este actor tan joven y talentoso con quien ya trabajé. A mí me asombró desde el primer día que vi una puesta suya. Por eso le pedí que me dirigiera en 4.48 Psicosis, la obra de Sarah Kane. Con respecto a la televisión, sólo alcanzo a ver la colita de la novela en la que sigue trabajando mi hija, y a veces El puntero, que está muy bien. Noticieros, cuando puedo. Hago zapping.

-¿Zapping de noticieros?

-Claro, trato de escuchar distintas voces para poder crear la propia. No me gusta esto de los antagonismos llevados al extremo; no es sano. Tal vez por mi experiencia en teatro, creo que todo se logra si hay trabajo de grupo. De esa forma uno escucha, dialoga, acepta, se enoja. Es muy importante saber qué piensa el otro. Por eso no me parece mal que un artista deje en claro su punto de vista. Al contrario, me parece muy valiente, siempre que el diálogo, e incluso la pelea, sirva para el crecimiento. Vivimos en una democracia joven, que tanto nos ha costado. Sabemos que no volveremos para atrás nunca más; eso es lo único importante y lo que deben tener en claro todas las partes. Lo demás es debatir, y que la gente vaya eligiendo. Yo trato de mantener mi cabeza con un sentido crítico.

-¿Tenés alguna frase que te sostenga?

-Sí, me quedó titilando una frase que dice la belleza le ocupó totalmente el corazón. Y vuelvo al tema de la belleza, mirá vos. ¿Sabés qué pasa? La belleza no tiene nada que ver con lo lindo, sino con lo humano. Pero en estos tiempos la palabra es sinónimo de éxito. Lamentablemente somos las mujeres las primeras en caer en esto; está todo muy fomentado. Yo por suerte con ese tema estoy muy relajada.

-¿Te queda algún miedo?

-No, trato de no temer. Como en el teatro, todo está escrito. Sólo que se transita de mojón en mojón de manera distinta. Y eso es, nada más y nada menos, que tu libre albedrío en la vida.

Hiperactiva

Opera Hará la dirección escénica de Lucia di Lammermoor, presentada por Juventus Lyrica. Estrena el 26 del actual, en el Teatro Avenida. “Es un placer ser parte del trabajo de Juventus. Ellos son los responsables del resurgimiento de la ópera en la gente joven”, dice. El director musical es Hernán Sánchez Arteaga y la soprano, Laura Polverini.

Teatro El 19 de este mes estrena El cordero de ojos azules, en el teatro Regio, obra de Gonzalo Demaría, dirigida por Luciano Cáceres. Actúa con Carlos Belloso.

Poesía Los sábados, a las 18, participa del recital de poesía Los poetas de Mascaró, que organiza el Centro Cultural de la Cooperación, junto con Alejandro Awada, Elena Tasisto y Patricio Contreras.

Una vida consagrada a la actuacion

  • Porteña, nació en 1948, se formó con Juan Carlos Gené y a los 20 años debutó con la obra El deporte de mi madre loca. Desde entonces, trabajó en más de 30 programas de televisión (Locas de amor, Mujeres asesinas y El elegido, entre otros). Como actriz de teatro hizo Hamlet, Las brujas de Salem, Antígonas, Solas, Teresa Batista cansada de guerra, 4.48 Psicosis, entre tantas otras. Dirigió clásicos como Esperando a Godot; también, Contracciones y Aniquilados. En cine hizo alrededor de 27 películas, entre las que se destacan Made in Argentina, La última siembra, Allá lejos y hace tiempo, y El Santo de la Espada. Este año debuta haciendo la puesta en escena de una ópera.

 

  • Estuvo en pareja con Antonio Grimau, con quien tuvo a Lucas Antonio Rebolini que fue hallado muerto en marzo del año último, tras estar más de un mes desaparecido.

 

  • Su otro gran amor fue Patricio Contreras, padre de su hija, Paloma, también actriz.

 

  • Recibió más de 20 premios, entre ellos varios Molière, Nacional de Teatro, Cóndor de Plata, Prensario, Martín Fierro, María Guerrero, Estrella de Mar, Alicante de España, entre otros.

 

Por Flavia Fernández, revista “La Nación”, domingo 21 de agosto de 2011.

 

 

 

 


Luego de varios años, la espectacular ex-modelo argentina Chunchuna Villafañe volvió a actuar en una obra del talentoso director José María Muscari.

De su infancia con una madre muy moderna, del exilio en Francia y de la relación con sus tres maridos. De todo esto, y más, nos habla en esta entrevista de “Siete Días”, realizada por la periodista Verónica Caamaño recientemente en Buenos Aires.

 

La casa que Chunchuna tiene en Vicente López fue, antes de aparecer en el mapa, parte de su imaginación. Porque además de ser modelo y actriz, también es arquitecta y usó sus conocimientos para crear el lugar en donde más le gusta estar. Y no es para menos. El mundo de Chunchuna es a prueba de aburrimiento. Hay cuadros en todas las paredes, objetos de decoración en cada rincón y muchos, muchos libros, la mayoría en español y francés. Ellos parecen ser los verdaderos amos del lugar, además de ser parte fundamental del principal hobby de su dueña. Ella es una ávida lectora desde antes de eclipsar a todos con su belleza, cuando se destacaba como modelo publicitaria y también mucho antes de su debut como actriz de cine en La historia oficial. De hecho, descubrió de qué se trataba eso que los adultos llamaban “sexo” a través de uno muy especial: “Las mil y una noches”.

“Para un cumpleaños una tía mía me lo trajo original, eran tres tomos enormes. Lo empecé a leer cuando no había nadie en mi casa, entonces intuía que no era un libro para mí. Cuando lo estaba leyendo sentía unas cosas físicas raras, no sabía qué me pasaba. Un día no sé si mamá, papá o quién agarró el libro y dijo: ‘Éste libro no es para niños’. Una lástima porque nunca más lo tuve”, recuerda la actriz de “Shangay”, una de las obras del director José María Muscari, donde interpreta a una madre con ínfulas susanescas –por el animal print–, que intenta salvar la pareja de su hijo (Muscari) y el novio (Nicolás Pauls) en un restaurante chino palermitano.

“Es una loca delirante, una vieja metida”, específica Chunchuna, mientras sirve un rico café. A la legua, se nota que el papel que le tocó interpretar no tiene nada que ver con su rol como madre: “Con Juana me llevo muy bien y con Inés también. Son muy distintas. Tengo la relación que tenemos las madres con las hijas. A veces es complicada, no es un idilio. Pero para mí, que se hayan ido de mi casa fue lo peor porque las tres éramos como una sola. Y bueno, tenían que irse, pero fue difícil”, asegura la actriz, que se muestra sin cirugías con la belleza propia de una mujer natural.

–¿Qué dijeron sus hijas acerca de esta madre que le tocó interpretar en teatro?

–Juana me dijo que le había parecido muy interesante la obra. En general, a la gente le gusta la obra, salvo un señor que hace mucho, cuando recién empezamos me dijo que una vez que venció los prejuicios le empezó a gustar. Me pareció genial, porque es cierto. Mucha gente va con mucho prejuicio, entonces puede ser que le resulte dura en algunos momentos.

–¿Qué piensa sobre los prejuicios?

–A mí no me importa que la gente sea lo que sea. Me importa que sea íntegra. Si sos homosexual, negro, judío…, me da lo mismo. Me importa saber qué tenés en la cabeza.

–¿Y qué tiene en la cabeza su personaje?

–Yo creo que este personaje es una mujer muy básica que no ha tenido mucho estudio y que en algunas cosas es muy ignorante, pero a ella no le importa. Le encanta la moda, seguro se compra todas las revistas mediáticas y ve lo que se ponen los famosos. Se debe mirar al espejo y se debe creer de 30. Entonces me pareció que tomar el papel iba a ser muy atractivo.

–¿A usted no le gusta la moda?

–No, a mí me aburre totalmente la moda. Una de las cosas que tenía ser modelo además de la plata era que me tenía que arreglar. Me gusta verme bien, pero nunca hice el esfuerzo para verme linda.

–¿Su familia había aceptado ese trabajo sin ningún problema?

–A mamá nunca le gustó que trabajara de modelo. Ella lo rechazaba. Le parecía que las mujeres, sobre todo, teníamos que estudiar, valernos por nosotras mismas y no depender nunca de un tipo. En esa época todas las chicas, cuando estaban de novias, le hacían un suéter o una bufanda al novio. Y cuando me puse a hacerle una bufanda al mío ella me dijo: “¿¡Qué hacés!? ¿¡Estás loca!? ¡No le regalés nada!”.

–Tenía una madre muy moderna…

–Ella era muy moderna, sí. Y mi abuela también.

–¿Usted es más tradicional en su relación con los hombres?

–No. Yo siempre los traté de igual a igual. Para mí, o eran compañeros en la facultad o eran amigos, a no ser que me enamorara. Las mujeres eran distintas a las chicas de hoy. En esa época no pasaba eso de tratar a la mujer como objeto. Hoy la mujer se cuida más el físico, va al gimnasio… A mí nunca se me hubiera ocurrido ir al gimnasio. La que iba al gimnasio era un bicho raro.

–¿Cuál es su verdadera vocación? ¿La de actriz, modelo o arquitecta?

–Yo creo que tengo muchas vocaciones. Me gusta hacer tantas cosas que no creo que la vida me dé la posibilidad de hacerlas. Todas tienden a lo creativo y tienen que ver con la estética. Me encanta la fotografía y me hubiera encantado ser atleta.

–Pero contó con muchas experiencias fuertes a lo largo de su vida, como el exilio en Francia. ¿Hoy ve aspectos positivos de esa situación?

–Todos, y me doy cuenta ahora. En el momento que estaba allá extrañaba muchísimo. Entrar de grande en otra cultura es difícil. Ni los gestos ni nada de lo que hacemos acá tiene algún significado, por lo menos en Francia. Me acuerdo que me sentí ubicada en la primera vez que me hizo gracia “Band designe”, una historieta cómica. Antes las leía y pensaba: “qué plomo, qué aburrimiento, ¿qué quiere decir esto?”. No entendía el humor francés. El día que yo dije: “qué gracioso” fue cuando me empezó a gustar el país y fui parte de la cultura.

–¿Cómo pasaba el tiempo con Pino Solanas, su marido en ese momento?

–Yo me ocupaba de que los chicos se integraran y una vez que lo hicieron, supieron el idioma e iban al colegio, hice algunos estudios en la Sorbonne, En un momento empecé a hacer otras cosas. Había ido a una muestra de ropa sueca prehistórica. Había unos cueros, unas pieles duras, producto de años y años, y eso me inspiró. Pensé en que quería tejerme un suéter que podía o usar o colgar en la pared.

– ¿Se puso a tejer?

–Primero le escribí a una amiga tapicera que teníamos en Italia y le pedí que me lo hiciera. Tardó meses. Hasta que me preguntó: “¿Por qué no te lo hacés vos?”. Entonces empecé. Compré lanas, cintas, le encajé medias viejas. Parecía Penélope, tardé como un año en hacerlo. Y un día lo terminé, me lo puse y salí a la calle. Caminé dos cuadras y un tipo me preguntó dónde había comprado el suéter. “Lo hice yo, lo acabo de estrenar”. Se presentó, sacó una tarjeta y me dijo que era el socio de Saint Laurent. “Me interesa su suéter, se lo compro. Piénselo”, me dijo. Volví a casa con una sensación horrible como si hubieran querido comprar un hijo. Entonces pedí una exorbitancia y me la aceptaron. Hice muchos suéters y aunque tardaba mucho en hacerlos, los vendí todos. Me dio mucho placer hacerlo.

–Y cuando volvió a Buenos Aires, le ofrecieron hacer su primera película, “La historia oficial”…

–Iba por la calle y me cruza Luis Puenzo, yo lo conocía de la época en que hacía publicidades. Y me dijo que había estado pensando en mí. “Quiero que hagas un papel en mi primera película”, me dijo. Y cuando leí el guión pensé que era soñado, que era lo que yo quería hacer. Después Luis se arrepintió y yo le propuse hacer todas las pruebas que el quisiera, entonces me dijo que quería que Norma (Aleandro) lo viera. Finalmente lo hice delante de él y un equipo. Todos dijeron que sí. Después esperé que viniera Norma. Hasta que al final me confirmaron. Ese papel era para mí. Y con Norma me llevé muy bien. Es muy positivo para un actor trabajar con otro que es bueno, se van potenciando mutuamente. Mi marido, en ese momento, fue mi último marido. Lo conocí en Francia. Y ahora se murió.

Chunchuna baja la mirada y a través de sus gestos, es claro que el recuerdo de su último compañero la llena de nostalgia y tristeza. Ella conoció al amor de su vida en el lugar más romántico que pudo: Francia. Pero antes de vivir treinta años junto a él –Adolfo “Chango” Lavarello–, había estado casada con el padre de sus hijas Juana e Inés Molina, Horacio Molina. Pino Solanas fue su segundo matrimonio. Y hoy, muchos años después, aún guarda aprecio por ese hombre que conoció a través de la política. “El hermano de mamá fue una persona muy conocida en el medio, tenía mucho contacto con Perón. Así que con Pino nos conocimos porque los dos fuimos a ver una película, ‘La muerte del viejo Reales’, de Gerardo Vallejo”, recuerda.

–¿Qué piensa de la imagen pública que hoy tiene Pino?

–Le deseo lo mejor y hubiera querido que ganara porque es una persona que se lo merece. Cuando dice algo no lo dice porque sí, lo dice porque lo sabe, porque se preocupó y se enteró. Estuve mucho tiempo con él. Es muy serio y muy capaz. Prefiero no hablar de política, pero Cristina tiene cosas que me gustan. Me gusta que nunca lea sus discursos y me gustaba mucho el marido.

–¿Qué le criticaría?

–Que hay una cantidad de cosas que no se hicieron. No sé si es porque las presiones son muchas y no se puede hacer todo, pero en general me gusta porque es mujer. Ahí la defiendo. Además se arregla, es linda. Una vez leí, cuando Kirchner nunca había sido presidente, una entrevista donde decía que no salía sin pintura ni a la esquina. Y eso me cayó simpático.

“FILOSOFÍA DE VIDA”


ALFREDO ALCÓN Y RODOLFO BEBÁN JUNTOS EN LA CALLE CORRIENTES

Autor: Juan Villoro  / Versión y dirección: Javier Daulte / Elenco: Alfredo Alcón, Rodolfo Beban, Claudia Lapaco, Marco Antonio Caponi y Alexia Moyano / Escenografía: Alicia Leloutre / Luces: Eli Sirlin / Vestuario: Mariana Polski / Producción: Adrián Suar y Pablo Kompel / Duración: 120 minutos / Sala: Metropolitan 2.
Nuestra opinión: muy buena .

Es una guerra donde las armas son las palabras, mejor dicho, los conceptos, que vuelan como flechas envenenadas a clavarse en la mente, el corazón o el sexo de los personajes. Los contendientes: dos filósofos eminentes, a los que la vida (aunque más exacto sería decir: la elección personal) ha separado. Intimos amigos y condiscípulos en la juventud, el Profesor (Alcón) se dedicó exclusivamente a pensar, aislándose en su bien nutrida biblioteca, desde la que lanza feroces epigramas y diatribas sobre casi todo el mundo, en especial contra su colega, el doctor Bermúdez (Bebán), quien prefirió la carrera de los honores, ha desempeñado importantes cargos públicos, es sociable y mundano, elegante. Clara (Lapacó), la mujer del Profesor, soporta con humor e ingenio las ironías de su marido, clavado en una silla de ruedas, desaliñado, torpe y cascarrabias. Esta tarde, insólitamente Bermúdez visitará al Profesor, tras muchos años de alejamiento, para pedirle – exigirle, más bien – que ingrese a la Academia de Filosofía: es casi una orden, a la que el inválido responde con la negativa más rotunda.

A partir de esta confrontación, el mexicano Juan Villoro demuestra dos cosas importantes: que un novelista puede escribir teatro sin caer en el abuso de literatura, y que las antinomias de Kant – para dar un solo ejemplo de los temas frecuentados por el libreto – pueden perfectamente funcionar en escena como disparadores de situaciones apasionantes. Porque la atención del espectador es sin cesar hostigada por una intriga que va desenroscándose con la precisión de un muelle de reloj: en el pasado de estos dos pensadores eminentes hay algo más que rivalidad profesional, hay una mujer que fascinó y sedujo a ambos. No conviene revelar más aquí; tan sólo, decir que la comedia dramática (con lejanos ecos de ¿Quién le teme a Virginia Woolf? ) es deliciosa, que el ingenio chisporrotea en cada réplica y que Villoro es un talentoso y astuto dramaturgo. Tan sólo cabría objetar la extensión del diálogo final, al que convendría aplicar dos o tres tijeretazos oportunos.

¿Qué elogio cabe aplicar, a estas alturas, a un trabajo de Alcón? Es, cabalmente, el Profesor, perfecto en cada tono, en cada gesto, en la velada ternura escondida tras la cáscara rugosa. Bebán lo acompaña en una impecable composición, en un admirable dúo, como en una sonata de violín y piano. Y Lapacó expresa toda la seducción y el filoso humor de una Clara todavía coqueta y mucho más inteligente de lo que ambos filósofos creen. La pareja joven (Caponi y Moyano), puesta ahí por el autor para descomprimir un poco, de vez en cuando, la extrema tensión de los mayores, se comporta con bienvenidos desenfado y simpatía. Es magnífica la escenografía de Leloutre, con las sugestivas luces de Sirlin: la imponente biblioteca de fondo es, tal vez, la mayor protagonista de este sorprendente juego de pasiones algo más que intelectuales, puesto en escena por el siempre talentoso e imaginativo Javier Daulte.

Por Ernesto Shoo, “La Nación”, 19 de agosto de 2011.


TEATRO › LEONOR MANSO ANTE EL ESTRENO DE EL CORDERO DE OJOS AZULES, EN EL TEATRO REGIO

“En el ser humano no existe la normalidad”

La obra de Gonzalo Demaría está ambientada en la Buenos Aires de la peste amarilla, con foco en la discriminación contra “el ‘distinto’, el extranjero, el que no es como uno”, según la actriz. Sobre tablas la acompañan Carlos Belloso y Guillermo Berthold.

¿Por qué la relación entre Sodoma y Buenos Aires? ¿Cuál era la abyección que debía ser castigada? ¿El salvajismo de una época? El cordero de ojos azules, obra de Gonzalo Demaría, se ubica en la Buenos Aires de 1871, año en que la peste amarilla asoló la ciudad. Los funcionarios y políticos huyeron, otros sufrieron las consecuencias, como gran parte de la población, la más pobre, los asistentes de la Comisión de Higiene y los médicos. La historia no ficcional registra, entre los médicos, a Francisco Muñiz y Manuel Argerich como víctimas de la peste. Argerich fue retratado por el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes en su célebre óleo Episodio de la fiebre amarilla ocurrida en Buenos Aires. Tanto en la realidad como en la ficción, aquélla fue una etapa de discriminación violenta, como subraya la actriz y directora Leonor Manso, en diálogo con Página/12 y con relación a esta obra de Demaría “que tiene una base real y da lugar a muchas lecturas”. Entre los temas abordados, la actriz destaca el de la discriminación ejercida contra “el ‘distinto’, el extranjero, el que no es como uno”, puntualiza. Convocada por el director artístico Alberto Ligaluppi para dirigir un espectáculo en el Complejo Teatral de Buenos Aires, le comentó su deseo de actuar. Acordaron entonces buscar una obra, y Manso decidió que ésta sería El cordero…, cuyo texto conoció a través de Luciano Cáceres, finalmente director de esta pieza que se estrena hoy, en el Teatro Regio. “La leímos y nos apasionamos todos, porque en algo nos refleja”, sostiene Manso.

–Allí se habla de incendiar conventillos de italianos…

–Porque se les echaba la culpa a los extranjeros pobres, a los italianos, a los turcos…

–Como en la “peste negra” europea a los judíos, leprosos e “infieles”. Un aspecto interesante de El cordero… es el carácter imprevisible del pintor y de la “vieja criolla de Angola”, la Canonesa. ¿Cómo calificaría a su personaje?

–La Canonesa es una resentida, y una puede entender las razones. Es una esclava africana que estuvo en las campañas contra los indios, que se convirtió en la puta de un canónigo de la catedral y quiere ser respetada. En su historia y en la del pintor y el muchacho que aparece en la casa, donde se encierran para protegerse de la peste, surgen conflictos relacionados con la belleza y la fealdad, con el “ser” artista y la inspiración.

–¿Por eso el cuidado y a la vez el desprecio que esta mujer siente por el pintor?

–Ella lo cuida para que acabe el retrato de Santa Lucía, una mártir decapitada. Ese cuidado no significa que se prive de cometer horrores. La pintura fue un encargo del arzobispo de la ciudad, se le pagó por ese trabajo y ella debe obligarlo a que cumpla. Por un comentario del pintor, le propone ser su inspiradora. Su deseo es quedar plasmada en el cuadro para siempre, como una forma de trascendencia. En toda esta historia hay una peste exterior y otra interna, donde se desata la locura y se cometen acciones extremas. El muchacho que llega hasta ellos es un misterio. No se sabe si es un loco, un asesino o un santo.

–O producto de algún delirio, en general gracioso, sobre todo cuando lo reproduce el pintor. Por ejemplo, la escena en la que piden al muchacho –aparentemente mudo– que responda con un dibujo. La Canonesa y el pintor creen ver en ese dibujo una mazorca de maíz o una flor de lis, símbolo de la Casa de Borbón, situación que anuda cómicas reflexiones.

–Allí hay un juego con la absenta (ajenjo) que toma el pintor para inspirarse. La absenta es “el hada verde”, una bebida que en 1800, y también después, era consumida por algunos artistas. El escritor Edgar Allan Poe también la probó. En la obra se cruzan la historia, la discriminación y la búsqueda de la creatividad.

–¿Se podría agregar lo siniestro? Ese fue también un apreciado elemento en la primera pieza teatral de Demaría, Nenucha, la envenenadora de Montserrat. ¿Por qué perdura el deseo de venganza?

–Porque en el ser humano no existe la normalidad, aunque siempre alguien la busque. Lo interesante y potente del teatro es que muestra facetas de lo humano en sus estados más extremos. La Canonesa es también la mujer que se convierte en reservorio de una historia. Y esto habla de lo femenino, de ese aspecto de lo humano que crea y transmite historia.

–¿Algo de esto transparentaba en su dirección de Antígonas, obra de Alberto Muñoz?

–Sí, las Antígonas son las mujeres que conviven con lo negado, lo oculto. En El cordero…, la Canonesa cuenta una última historia, desde su visión, su dolor y la barbarie vivida, mostrando rasgos de ingenuidad y ternura. Porque hay ingenuidad en su deseo de ser modelo en el retrato de Santa Lucía. Relaciono esa situación con la devoción a los santos. Ella cree a pie juntillas en las historias de santos, y las mezcla con lo aprendido en la iglesia y su condición de africana. Pero después dice que perdió la fe y parece que el pintor también la ha perdido. Los dos tienen un problema existencial llevado al extremo. La gracia, creo, es que todo esto es relatado a la manera de un policial.

–¿Cómo fue componer un personaje tan complejo?

–Tremendo; me costó muchísimo. Luciano (Cáceres) ya me había dirigido en 4:48 Psicosis, de Sarah Kane, una obra también compleja. La Canonesa se instala en un lugar muy brutal, pero los rasgos ingenuos de su devoción dan respiro. Ella ha sido una mujer herida, golpeada. Fue abusada, ayudó a chicas violadas, y desea que la quieran y no la rechacen por fea.

–Tampoco el pintor es un personaje simple.

–No, y Carlos Belloso lo hace fantástico, me río mucho con sus inspiraciones. ¡Me encanta! Y está Guillermo Berthold, en el personaje del joven bello. Un misterio para los otros dos y para el público. Este joven lleva en sí el enigma de las historias bíblicas, que son tremendas.

–¿Se refiere a las fantasías crueles?

–Que los humanos tenemos, y sólo podemos contener a través de la cultura. La cultura social es la represión de esos salvajismos que si quedaran libres, anularían la convivencia. Pero no cualquier cultura, sino una que nos organice y acepte la diversidad, las diferencias. Ser personas es la riqueza que podemos obtener en esta experiencia de vivir.

–¿Cómo es esa experiencia en la actuación?

–Comprender de manera sensible circunstancias que no son las propias. En el caso de El cordero…, digo “por suerte”. Pero, cualquiera sea la experiencia, el conocimiento de ésta no es verbal. Lo que amo de este oficio es esa posibilidad de alcanzar un conocimiento que no es científico sino sensible respecto de las distintas conductas del ser humano.

–¿Sucedía también en 4:48 Psicosis?

–Cuando tomé aquel texto por primera vez, no entendí nada; pero después, sentada en una sillita, lo estudié, y supe qué era esa poesía. Me sentí contenida por Luciano, que es muy creativo, también en El cordero…, de la que tiene una concepción muy original y abarcadora.

Por Hilda Cabrera, “Página/12”, viernes 19 de agosto de 2011.