Los uruguayos del grupo “NO TE VA GUSTAR” hablan del disco (“Por lo menos hoy”) que presentarán el sábado 9 de diciembre en GEBA, el show más grande que hayan hecho hasta el momento en la Argentina. Emiliano Brancciari no saca los pies de la Tierra: “Todavía dormimos de a nueve en una pieza”.

Desde Montevideo, por Luis paz, especial para “Página/12”.

Acodado al escritorio de la oficina de operaciones del nuevo (y todavía a medio desembalar) Elefante Blanco, estudio en el que No Te Va Gustar grabó su último disco, Por lo menos hoy, que fue un sobrio trampolín hacia un nuevo plano dentro de la masividad, Emiliano Brancciari admite que “más no se puede pedir”. En verdad, tampoco hay más: luego de realizar cuatro shows con localidades agotadas en el estadio Luna Park, en abril, el grupo uruguayo recorrió Europa y encaró una gira argentina, desde Ushuaia hasta La Quiaca, que cerrará el viernes 9 de diciembre con un multitudinario show en el club GEBA. A menos que se creen nuevos distritos provinciales o aparezca de la nada un súper estadio porteño, efectivamente, más no se puede pedir. “GEBA será lo más grande que hayamos hecho”, dimensiona el cantante. “Va a ser un show largo, con invitados de los dos países, con una puesta en escena que va a estar buena y que va a tener una vuelta de rosca para que no sea lo típico. Nuestra idea es al fin poder hacer un show integral como los que hacemos en Montevideo una vez al año. Pero, sin dudas, esto va a ser lo más ambicioso que hayamos hecho, en todo sentido.”

Ambición. Qué palabra infame cuando se usa al hablar de rock, pero que dispositivo extraño el de difamar palabras en el rock también. Lo cierto es que No Te Va Gustar se comporta de una manera prepotente en su laburo: la banda arrancó el año participando del Vive Latino, también pisó otros suelos americanos (Estados Unidos, Chile, Canadá, Venezuela), actuó para más de 70 mil personas en Montevideo en el marco de los festejos por el Bicentenario uruguayo y giró por más de 30 ciudades europeas. Entonces, ¿cuál es el gran polvo de tocar en GEBA, algo que no es tan gigantesco por sí mismo si se compara con todo aquello otro, después de todo? “Es un show en el que se puede hacer evidente el crecimiento y el recorrido que tuvimos por toda la Argentina”, aclara Emiliano. “Y bueno, Argentina es una base más sólida, la más sólida de América latina, como para salir al mundo.”

Ahí estaba el tema y, hecha la aclaración, no resultaba tan misterioso: NTVG es sin dudas, junto a Calle 13, la banda de proyección internacional de esta región. La diferencia es que a Calle 13 demasiado recorrido no le queda como para ampliarse ad infinitum, pero a NTVG le queda todo un trecho por explotar. Su próximo disco, para el que ya tienen compuestas unas diez canciones y que planean grabar a mediados de 2012, oficiará de vehículo, sobre la carretera de su base rioplatense de seguidores, para transportar a NTVG a nuevos niveles transnacionales y translingüísticos. El gran desafío, la Gran Epopeya soñada por los músicos curtidos al fuego de otros tiempos, pero también sobrevivientes de éstos que hoy hay. Y un poco de la Gran Siete, de esa suerte o esa gracia o ese merecimiento que hoy se cobran tan pocas bandas. Brancciari y NTVG no dejarían vencer ese cheque.

Un año a la izquierda del cero

“Este fin de año nos agarra felices y cansados. Siempre los años en los que presentamos los discos son más cansadores que en los que grabamos. Es cuando tenés más shows, más viajes, pero es el año que más se disfruta, el más lindo, el más compartido con la gente. Es lo que sueña cualquiera de los que hacemos música: hacer un disco que nos enorgullezca y que sea bien recibido por la gente y poder compartirlo con ella. Y es lo que ocurre.” Así que no: más no se puede pedir. Salvo que el pedido sea a uno mismo porque, como es frecuente, el superyó siempre encuentra qué más pedir: “La banda tiene la filosofía de que siempre hay que buscar superarse, y no me refiero a cantidad de público sino a buscar siempre dar lo mejor. Es lo mínimo que podemos hacer, porque es lo que nos mantiene motivados. Si este disco estuvo bueno, el que viene tiene que estar mejor, vamos a dedicarle más tiempo o vamos a ir a mostrarlo a lugares a los que no fuimos. Pero la motivación tiene que nacer de nosotros, así termina motivando al público”.

–Pero en esa situación aparece un riesgo que tienen las bandas grandes como la suya. ¿Qué pasa cuando ustedes leen su camino como un progreso y su público, o parte de él, ve que se han “ablandado” o algo por el estilo?

–Es fácil caer en eso, pero a nosotros no nos interesa ni la presión por vender más o llenar lugares, ni descansar en el lugar que tenemos. Que me disculpen, pero no voy a hacer lo mismo que en los primeros discos. No lo voy a hacer porque no soy el mismo, no somos los mismos. Si quisiéramos repetir fórmulas, ¿cómo saldríamos a defender eso? No convenceríamos a nadie, porque no lo estaríamos nosotros. Si acá estamos es porque dimos pasos firmes y nunca nos creímos más de lo que somos, y eso es un mérito.

–¿Por qué?

–Me parece que porque, desde el principio, tenemos una gran capacidad para vivir diferentes realidades. En cada lugar al que vamos por primera vez, empezamos de cero. Cuando empezamos a tocar en la Argentina, llevábamos miles de personas en Uruguay, pero eso no nos servía para nada. Empezamos a tocar para 50 personas, de banda invitada; esas cosas que si no estábamos preparados como grupo humano, no las íbamos a querer vivir de nuevo. Pero sabíamos que no teníamos un aparato gigantesco, que éramos independientes y que la única manera que teníamos de hacer las cosas era haciéndolas. Aunque hoy tengamos apoyo, eso no lo perdimos: vamos a lugares por primera vez, en los que rebota todo el trabajo de estos años, pero todavía dormimos de a nueve en la misma pieza… y tocamos con los equipos que haya… y los cargamos nosotros… y llegamos casi a 18 años de banda haciéndolo así.

–Pero, lo de nueve en una pieza, ¿les sigue pasando o era un ejemplo?

–No, no, nos sigue pasando. Este año tocamos en el Latin Alternative Music Conference de Nueva York y dormimos nueve en la misma habitación. Fue un caos, pero, ¿quién me quita haber tocado en Nueva York en el LAMC y en el B.B. King Theatre, para 1200 personas? Compartiría toda la vida la habitación con otras ocho personas si van a ocurrir cosas así. No se nos caen los anillos porque esto es lo que nos da de comer, trabajamos de esto. Fuimos a tocar, sin dormir, a Canadá. Y volvimos a tocar en Nueva York, sin dormir. Pero es el momento que tenemos para poner esta energía, porque el cuerpo nos va a dar durante un tiempo más. A veces uno no tiene ganas y viene otro y te tironea para que lo hagas. Pero siempre haciendo lo que queremos de verdad, e intentando que nadie nos lleve de las narices.

Un cantante, dos orillas

La madre de Emiliano, uruguaya, no sólo se separó del padre del músico sino que se quedó sin trabajo, todo en plena hiperinflación. Volvió al Uruguay para encontrar trabajo, mientras Emiliano se quedaba, junto a sus hermanos, en lo de sus abuelos. Una llamada avisó que estaba todo listo para su próximo destino vía ferry: “Cuando nos dijo que nos mudábamos a Montevideo, yo me puse re-chocho, porque era el lugar de mis vacaciones. La joda vino cuando mis amigos empezaron a hacer cada uno sus cosas y yo tuve que empezar de cero, ser el nuevo en la secundaria. Igual pasé la mejor adolescencia”, recuerda el cantante. Era otro Montevideo, claro. Más seguro, dice. Más seguro que ahora y más seguro que Buenos Aires entonces, donde “ya no se podía andar en la calle hasta las 5 de la mañana” y donde, por supuesto, no había mar a diez cuadras de la casa. “Me pasé toda mi adolescencia en la calle y la pasé y la viví bien. Más allá de lo que vino con No Te Va Gustar, en lo personal es la etapa que uno siempre se queda mirando como la mejor, la de la adolescencia, por todo lo que descubrís.”

En 1994, Emiliano, el bajista Mateo Moreno y el baterista Pablo Abdala comenzaron NTVG. En la formación actual sólo queda Brancciari, acompañado de Guzmán Silveira (bajo y coros), Diego Bartaburu (batería), Gonzalo Castex (percusión), Martín Gil (trompeta y coros), Denis Ramos (trombón), Mauricio Ortiz (saxo tenor), Pablo Coniberti (guitarra) y Marcel Curuchet (teclados). Luego de dos discos y de una intensa gira por el interior atlántico y continental uruguayo, Emiliano volvió a la Argentina en 2003, con una banda a cuestas: “Los primeros shows eran por San Telmo, el Sur y el Oeste (del conurbano) y Ruca Chaltén. Tocábamos para sesenta, ochenta, cien personas, pero para mí ya era muy emocionante poder mostrarles a mis amigos cómo era mi país. Yo soy argentino y me llena de orgullo mi país”, clama.

“Por eso me fue tan difícil creer que tocamos en la Plaza de Mayo en un festival por el Día de los Derechos Humanos, o que tocamos una vez en el Luna Park, luego dos, al otro año tres, y ahora cuatro. O que te nominen a un Premio Gardel con Divididos, a quienes escuchaste toda tu vida, y con Los Auténticos Decadentes, que admiraste siempre… son cosas re-fuertes.” Emiliano nació en Buenos Aires, pero apenas había llegado a conocer Mar del Plata y Entre Ríos en su adolescencia. Este año, con NTVG, recorrió todo el mapa, marcando cruces de Sur a Norte, con momentos destacados como los tres estadios repletos frente a los que tocó en Córdoba. Desde ya, esto vino rato largo después, con otros cinco discos encima, tres DVDs, sellos de por medio, grandes escenarios, agentes de prensa y miles de seguidores que explotan cada concierto que No Te Va Gustar haya dado en la Argentina en el último lustro. “Tuvimos la suerte de que cuando ocurrió Cromañón ya estábamos empezando a sacar la cabeza del under. Habíamos estado tocando en Cemento, en El Teatro y ya estábamos tocando para bastante gente. Los lugares que cerraron eran más chicos y se hizo más difícil para las bandas que tocaban para 300 o 500 personas, pero nosotros ya la habíamos pasado.”

No va a quedar ni uno suelto

En la quiniela, el número 17 representa a la desgracia. En No Te Va Gustar denota un estado de gracia: es la cantidad de años que llevan juntos, la cantidad de personas involucradas en el núcleo duro de músicos, técnica y producción, y es la cantidad de países que NTVG ya recorrió. Al filo de la mayoría de edad, buena parte de las relaciones que se trazan en esos tres apartados aparecen resumidas en la última entrada que Emiliano hizo para el diario virtual de su gira, en su sitio web. “La verdad es que fue sumamente disfrutable todo, desde los conciertos, la comida en España, la cerveza alemana, los paisajes de Austria y Suiza, hasta la convivencia grupal. Esto último lo recalco, porque después de 30 días conviviendo las 24 horas con la misma gente, se puede transformar en algo feo en cualquier momento. Bueno, eso no pasó. Se ve que los códigos de convivencia los tenemos más que aprendidos. Durante ese período, en casa, Santino (su hijo) empezó a caminar, falleció Jorge (su chofer en Buenos Aires), mi amigo Willy fue papá, Peñarol llegó a la final de la Copa Libertadores; en fin, me perdí de muchas cosas y algunas muy importantes, como otras veces, pero a pesar de todo volvería a elegir este trabajo y a este grupo mil veces.”

–¿A partir de qué te surgió ese sentimiento?

–Creo que de poder mirar para adelante y pensar en que con ellos quiero seguir mi vida. La convivencia y el trabajo con amigos están buenísimos, pero pueden llegar a resquebrajar tus relaciones. Nosotros hemos llegado al punto de que nos conocemos y sabemos cuidarnos, aunque discutamos. Pero encontramos el punto justo de decirnos las cosas, a veces con humor, a veces con acidez, para que a nadie le quede nada atragantado, y eso hace que las relaciones estén siempre frescas. Hay mucha firmeza en el cariño que nos tenemos y no creo que se nos vaya la moto a ninguno a esta altura.

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