Prolífica e intensa, dice que el teatro es la vida misma. Del dolor y los miedos, de lo espiritual que la guía día a día y de trabajar junto a sus afectos, habla esta artista multifacética.

 

El diccionario explica la palabra intensidad como la fuerza o vehemencia con que se manifiestan los sentimientos. Imposible encontrar un término más perfecto para describir a Leonor Manso. Actriz, directora teatral y, a partir de este mes, directora escénica de ópera. Menuda, de constante sonrisa melancólica y mirada encendida, recibe en su living de Barrio Norte, un espacio que impresiona por la luz, los colores y las plantas que asoman desde el balcón. “Siempre necesité del verde. Yo nací en Mármol, en una casa, pero como era muy delgadita un día mi papá decidió que nos mudáramos a Villa Ballester, que era mucho más verde y, según la creencia de esa época, había aire más puro. No se equivocó. Allá me crié y fui muy sana y feliz, rodeada de árboles y animales. Hoy vivo en un departamento, pero rodeada de plantas, el canario Fermín y mis dos gatas. Pero ellas son una historia aparte”, comenta.

Lo de de Sofía y Alma, sus gatas, vale la pena contarlo. Llegaron a su vida cuando finalizó la novela Locas de amor, a causa de un berrinche asombroso de una de las gatas que participaban en la tira. “Mi personaje estaba rodeado de gatos que proveía un señor. Pero Coqueta era la que estaba más cerca de mí. La cosa es que un día este hombre me contó que a la noche, cuando veía el programa, la gata escuchaba mi voz y se tiraba arriba del televisor. Me convenció acerca de mi sex appeal con los felinos y terminó regalándome a Sofía, que es de raza egipcia o algo así. Después, como si todo esto fuera poco, nació Alma, que es muy temperamental, bella. Qué tema el de la belleza.”

-¿A qué te referís? ¿Está muy manoseada la palabra belleza?

-Creo que lo expresivo tiene que ver con la belleza, pero hoy mucha gente está confundida y cree que es otra cosa, algo físico nada más. Encontrás belleza, y por lo tanto felicidad, cuando hacés lo que te gusta. La infelicidad aparece cuando querés hacer algo y ese algo nunca llega. Cuando estás pensando en que, en realidad, querías hacer otra cosa o que merecés algo distinto. Pasa con la gente común. Vendedores o taxistas que te maltratan o no te escuchan, pero en realidad ellos ni lo advierten. ¿Por qué? Porque no están donde están. Pocos están donde están. Y eso es tremendo. Voy a aquello de que “si yo hago pan, hago pan”. Y lo hago lo mejor posible. Hay que hacer las cosas con amor y ganas; si no, te vas empobreciendo. Yo eso lo aprendí de mi madre, que era ama de casa.

-Luego de la tragedia que viviste por la muerte de tu hijo, ¿cómo hiciste para encontrar fuerzas, para poder volver hablar de belleza, de ganas, de amor?

-No lo sé. Supongo que es mi vocación lo que me mantiene. Hay una aceptación. Uno siente infinito dolor, algo que siempre va a extrañar. Pero también siente que eso está y hay que vivir con esa piedra. Meterme adentro de personajes, en temas de la humanidad, ayuda. No creo que sea evasión, al contrario. Estar trabajando todo el día con lo humano te hace entender un poco más la vida. Sin duda algo pasa con tu alma. Yo vengo de la generación de los 70, en donde se creía en el materialismo. Todos creíamos que una vez acabada la materia, no había otra cosa. Pero ya no creo en eso. Tengo sensaciones que me demuestran lo contrario. Me lo dice mi intuición. Esto es una experiencia que termina,?pero tal vez no. Hay algo espiritual que uno siente en lo cotidiano.

-Y eso alivia…

-No lo sé. Pero da un poco de paz. Siento que uno no es nada más que un medio. Por mi trabajo sé que siempre hay algo que no maneja la cabeza. Ultimamente estoy confirmando que el teatro es la vida misma. Todas las noches la misma obra, la misma letra, pero siempre es distinto. El transcurrir es diferente, y hasta esa especie de composición química que se da con el público. Siempre es lo mismo, pero nunca igual. Eso tiene que ver con la vida.

-Tenés ex maridos actores e hija actriz. Además, en El elegido hacías de esposa de tu ex (Patricio Contreras) y madre de tu hija (Paloma Contreras). Llamativo entrelazado de realidad y ficción…

-Con Patricio nos queremos mucho. Y Paloma es una gran actriz. De chica, cuando dijo que entraría al Conservatorio de Arte Dramático, él tuvo más dudas. Yo, en cambio, estaba feliz. Si era su vocación, eso se vería venir. Ahora estamos encantados y disfrutamos mucho de trabajar juntos. Fue muy lindo compartir largos días de trabajo, luego compartir el remís… Cosas simples de la vida que reconfortan. Igual, ahora sólo sigue Paloma en la novela.

-El final de ustedes dio mucho que hablar. Murieron violentamente, de un día para el otro. ¿Estaba así estipulado?

-Sí, claro. Ya sabíamos que en esa instancia de la trama necesitaban una vuelta de tuerca bien fuerte. Y, la verdad, a nosotros nos venía bien, porque ya teníamos que empezar a ensayar las obras de teatro. Nunca existió ningún problema con nadie, y menos con Leticia Brédice, como escuché decir. Imagínense si yo voy a tener problemas con ese encanto de chica, con quien además nunca compartía escenas. No, la verdad es que fue una experiencia fabulosa, donde todos nos encariñamos mucho.

-¿Ves televisión?

-No tengo tiempo. Estoy haciendo la puesta de escena de una ópera maravillosa y ensayando una obra en la cual me dirigirá Luciano Cáceres, este actor tan joven y talentoso con quien ya trabajé. A mí me asombró desde el primer día que vi una puesta suya. Por eso le pedí que me dirigiera en 4.48 Psicosis, la obra de Sarah Kane. Con respecto a la televisión, sólo alcanzo a ver la colita de la novela en la que sigue trabajando mi hija, y a veces El puntero, que está muy bien. Noticieros, cuando puedo. Hago zapping.

-¿Zapping de noticieros?

-Claro, trato de escuchar distintas voces para poder crear la propia. No me gusta esto de los antagonismos llevados al extremo; no es sano. Tal vez por mi experiencia en teatro, creo que todo se logra si hay trabajo de grupo. De esa forma uno escucha, dialoga, acepta, se enoja. Es muy importante saber qué piensa el otro. Por eso no me parece mal que un artista deje en claro su punto de vista. Al contrario, me parece muy valiente, siempre que el diálogo, e incluso la pelea, sirva para el crecimiento. Vivimos en una democracia joven, que tanto nos ha costado. Sabemos que no volveremos para atrás nunca más; eso es lo único importante y lo que deben tener en claro todas las partes. Lo demás es debatir, y que la gente vaya eligiendo. Yo trato de mantener mi cabeza con un sentido crítico.

-¿Tenés alguna frase que te sostenga?

-Sí, me quedó titilando una frase que dice la belleza le ocupó totalmente el corazón. Y vuelvo al tema de la belleza, mirá vos. ¿Sabés qué pasa? La belleza no tiene nada que ver con lo lindo, sino con lo humano. Pero en estos tiempos la palabra es sinónimo de éxito. Lamentablemente somos las mujeres las primeras en caer en esto; está todo muy fomentado. Yo por suerte con ese tema estoy muy relajada.

-¿Te queda algún miedo?

-No, trato de no temer. Como en el teatro, todo está escrito. Sólo que se transita de mojón en mojón de manera distinta. Y eso es, nada más y nada menos, que tu libre albedrío en la vida.

Hiperactiva

Opera Hará la dirección escénica de Lucia di Lammermoor, presentada por Juventus Lyrica. Estrena el 26 del actual, en el Teatro Avenida. “Es un placer ser parte del trabajo de Juventus. Ellos son los responsables del resurgimiento de la ópera en la gente joven”, dice. El director musical es Hernán Sánchez Arteaga y la soprano, Laura Polverini.

Teatro El 19 de este mes estrena El cordero de ojos azules, en el teatro Regio, obra de Gonzalo Demaría, dirigida por Luciano Cáceres. Actúa con Carlos Belloso.

Poesía Los sábados, a las 18, participa del recital de poesía Los poetas de Mascaró, que organiza el Centro Cultural de la Cooperación, junto con Alejandro Awada, Elena Tasisto y Patricio Contreras.

Una vida consagrada a la actuacion

  • Porteña, nació en 1948, se formó con Juan Carlos Gené y a los 20 años debutó con la obra El deporte de mi madre loca. Desde entonces, trabajó en más de 30 programas de televisión (Locas de amor, Mujeres asesinas y El elegido, entre otros). Como actriz de teatro hizo Hamlet, Las brujas de Salem, Antígonas, Solas, Teresa Batista cansada de guerra, 4.48 Psicosis, entre tantas otras. Dirigió clásicos como Esperando a Godot; también, Contracciones y Aniquilados. En cine hizo alrededor de 27 películas, entre las que se destacan Made in Argentina, La última siembra, Allá lejos y hace tiempo, y El Santo de la Espada. Este año debuta haciendo la puesta en escena de una ópera.

 

  • Estuvo en pareja con Antonio Grimau, con quien tuvo a Lucas Antonio Rebolini que fue hallado muerto en marzo del año último, tras estar más de un mes desaparecido.

 

  • Su otro gran amor fue Patricio Contreras, padre de su hija, Paloma, también actriz.

 

  • Recibió más de 20 premios, entre ellos varios Molière, Nacional de Teatro, Cóndor de Plata, Prensario, Martín Fierro, María Guerrero, Estrella de Mar, Alicante de España, entre otros.

 

Por Flavia Fernández, revista “La Nación”, domingo 21 de agosto de 2011.

 

 

 

 

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