Después de La Gracia y decidida a no volver por el momento a la escena, la actriz de La nave de los locos y Matar al abuelito trabaja en su segundo libro de ficción, una historia sobre la soledad en las grandes ciudades, que combina drama y humor.

Hace seis años, cuando ya tenía tres Martín Fierro en su haber, Inés Estévez dejó su carrera de actriz. “La exposición nunca fue natural para mí, siempre la padecí”, confiesa. Se dedicó a escribir y en 2011 apareció su primera novela, La Gracia , con historias que ocurren en un pueblo de provincia. Ahora se está tomando un año para terminar su segunda novela, que editará también Sudamericana. Tiene dos protagonistas, transcurre en Buenos Aires y habla, dice Inés, “de la soledad en las grandes ciudades”. En cuanto al clima, será similar al de La Gracia . “No sé como definirlo, tiene sustancia dramática y también tiene humor, ¡como la vida!”, reflexiona.

Estévez mantiene su vínculo con la escena a través de los seminarios de formación actoral que dicta desde hace cuatro años. Ella, que como actriz fue autodidacta, está preparando un libro sobre su método de enseñanza.

-¿Qué particularidades tiene tu método?

-Cuando llegué a Buenos Aires desde mi ciudad natal, Dolores, me intimidaban los profesores. Creía que los sistemas de enseñanza no eran para mí. Con el tiempo me fui dando cuenta de que no era eso, sino que a la gente, en general, el rigor no la ayuda. Le sienta mejor el aliento. Entonces diseñé un método apoyado en la afirmación de los puntos fuertes de cada uno y el desarrollo de los puntos débiles. A los estudiantes les voy formando su propia capacidad de evaluarse. Todo tiende a que no dependan tanto de la mirada del otro. Así se logra disfrutar de la propia creatividad. El profesor debe ponerse al servicio del alumno para sostenerlo, no por encima de él para aplastarlo.

-¿Tenés algún ritual para escribir?

-No, ritual no, pero necesito paz, silencio, aislamiento. Cuando estoy en la ciudad, las mañanas y las noches son los momentos de más tranquilidad. También escribo en el campo, en una casita que tenemos en medio de la nada, de la nada misma, y aprovecho porque ahí el día rinde y el ámbito ayuda. Allá terminé de corregir La Gracia.

Fuente: diario “La Nación”, Buenos Aires, 30 de julio de 2011.

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