Nació y vivió envuelta en litigios. Por la música, por los arreglos, por la letra, o mejor dicho, las letras, incluida una en inglés. Un largo camino desde la Federación de Estudiantes de Montevideo hasta París.

Por Jorge Lanata (Especial “200 Argentinos”).

El tango que Gerardo Hernán Matos Rodríguez tocó en febrero de 1917 en un piano de la Federación de Estudiantes del Uruguay (Ituzaingó 1292, Montevideo) nunca pudo tener un estreno sin turbulencias: contratos falsos, demandas judiciales, letras absurdas y amenazas de desa-lojo marcaron la historia de un tema que no tuvo paz sino hasta 1948.

“La Cumparsita” nació sin título y sin letra, y los estudiantes de aquella casa la llamaban simplemente “La marchita” a la hora de pedirla al piano. A un mozo de la Confitería Americana le tocó bautizarlo involuntariamente:

–¡Ahí viene la cumparsita de los estudiantes! –anunció en cocoliche cuando los vio llegar esa noche de carnaval.

El 28 de marzo del mismo año “La Cumparsita” llegó a manos de Roberto Firpo, que iniciaba en Montevideo la temporada de su quinteto en la confitería La Giralda. A los 84 años, en su última entrevista, Firpo recordó la escena: “Vino un señor llamado Barqueta, o Barca, no recuerdo bien su apellido… y venía con catorce o quince muchachos, jovencitos estudiantes, y me dijo: ‘Vea, aquí le traemos una marchita –una marchita, así como le digo– y queremos que usted la arregle. Hay que hacer un tango ’”.

Firpo en principio se negó a arreglarla: su repertorio ya estaba ensayado, y Matos no sabía escribir en pentagramas, lo que complicaba el trabajo que encima le llegaba de manos de un autor desconocido. Pero cedió un par de semanas después. Ese fue, también, el comienzo de la batalla que nunca terminaría: qué cosas le agregó a la obra y hasta dónde la moldeó a su oído. En aquella última entrevista Firpo repitió ante Aníbal Curutchet la letanía de su queja: “Y después de lo que hice, nunca me regalaron ni cinco centavos. Y otros señores, que le pusieron letra, cobran el cincuenta por ciento, y yo estoy aquí mirando la luna…”.

El cuarteto de Alberto Alonso grabó el tema para la Victor en abril del mismo año. Al poco tiempo Matos resolvió viajar a Buenos Aires decidido a vender sus derechos a la editora Breyer Hermanos, representante de Ricordi en la Argentina. Pidió demasiado y el 26 de abril Breyer le respondió con una contraoferta de 50 pesos y 30 partituras de la obra. Los cincuenta pesos terminaron en las patas de Skat, que –como en otro tango– perdió “por una cabeza” contra Le Peri Jaune en las carreras de ese domingo.

Do you speak english?

En 1924, “La Cumparsita” se estrenó con letra de Pascual Contursi y Enrique Maroni en medio de una mediocre y olvidada pieza cómica de dos actos. Gardel, que era muy amigo de Contursi, empezó a cantarla ese mismo año y la grabó con el título del primer verso: “Si supieras”. Canaro tocó después “La Cumparsita” en París. Matos se desespera ante el éxito de su obra vendida: le escribe otra letra e inicia un juicio contra Maroni y Contursi que recién llegó a un laudo con la intervención de SADAIC en 1948, reconociendo un 20 por ciento de los derechos de Contursi y Maroni. Pero ya a esa altura las letras de “La Cumparsita” eran por lo menos cinco, y los arreglos sobre la melodía, una decena. A la letra de Maroni y Contursi (“Si supieras / que aún dentro de mi alma / conservo aquel cariño / que tuve para ti /…),se sumaba la de Gerardo Matos Rodríguez, el autor de la música (“La comparsa / de miseria sin fin desfila / en torno de aquel ser enfermo / que pronto ha de morir de pena /…), la de Alejandro del Campo (“Allá viene / alegre y muy bullanguera / la cumparsita callejera / alborotando el barrio va /…)y la letra de Olga Paul, publicada en 1937 en la Madre Patria por la editora Edward Marks Music Corporation de Nueva York bajo el título “The Masked one” (“La enmascarada”), con su correspondiente versión subtitulada de Roberto Selles, que escucharemos ahora:

Tantalizing,

Your mask is only

Half disguising,

I have no trouble

Recognizing,

Your features wich I’m

Idolizing.

Oh, hear my pleading, do not spite me

And be relenting, come delight me,

You are tormenting my heart always,

Oh throw your mask away

(Me atormenta / la máscara fatal / que hoy llevas / Mas es sólo un disfraz / a medias, / pues tu adorada faz, / tras ella / reconocí al mirarte y así / te ruego que consueles mi mal; / ¿por qué torturas mi corazón / con tu cruel antifaz?)

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