Esta podría ser la Banda Original de Sonido de mi vida… Aunque también hay otras, claro. Esa manía que tiene la belleza de ser arbitraria y caprichosa… ¡qué bueno!

“THE WAY WE WHERE” es una estupenda peli que dirigió Sidney Pollack durante el esplendor de Hollywood, a comienzos de los setenta, en un tiempo (irrepetible) en que los grandes estudios apostaban a la calidad y al contenido, además del entretenimiento. Fué una época breve en donde a la “fábrica de sueños” no le importaba mirarse al espejo para ver sus imperfecciones. Convocaban a los mejores directores, guionistas y actores y se preocupaban por contar historias con críticas y autocríticas, con ciertos aires revolucionarios y con algo de culpa también. En “THE WAY WE WHERE” (en Argentina se llama “Nuestros Años Felices” y en España “Tal como éramos”) Pollack se atreve a desnudar (y a denunciar) el “macartismo” con inteligencia y talento y nos cuenta una magnífica historia de amor mientras el lado oscuro del sueño americano oficia como telón de fondo: odio, intolerancia, paranoia. También hay un lugar destacado para retratar la tragedia de muchos artistas, escritores, periodistas y directores que no pudieron soportar la presión y la tortura de las listas negras del senador americano, anticomunista y psicópata que inventó el neologismo más triste del siglo XX.

Barbra Streisand y Robert Redford “revientan” la pantalla y convocan multitudes al cine. Recuerdo que en ese momento (1975) yo era un niño y los “mayores” acudían en masa a ver a “la fea y el bello”, según el cannon estético de entonces.

Yo ví la peli de grande, muchos años después de su estreno y en otro contexto histórico y social, pero aún así me impactó por su sinceridad y, sobre todo, por el nivel del elenco, más allá del dúo protagónico. La canción original está permanentemente en escena, como si sus acordes formaran parte del pensamiento de la protagonista, que es la que nos cuenta la historia. Es una prolongación de sus emociones y de sus estados de ánimo. Su ritmo nos eleva y nos hunde según pasan los años de esta pareja que se enamoró con pasión pero que no pudo (o no supo) sostener ese amor en el tiempo. Dicen que donde hubo fuego cenizas quedan. Y la secuencia final es un ejemplo de esto: conmueve ese encuentro casual, pero más conmueve pensar en lo que pudo ser y en lo que finalmente quedó.

Muchos años después, me sigue conmoviendo la perfección vocal de Streisand cantando “The Way We Where”. La escucho una y otra vez y las imágenes que se van desgranando se confunden entre las exquisitas notas del cine y de la vida.

Alberto Bemposta

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